"Sonsoles, la abulense superviviente del accidente ferroviario en Urda, se convierte en un faro de esperanza y ayuda tras el caos"

"Sonsoles, la abulense superviviente del accidente ferroviario en Urda, se convierte en un faro de esperanza y ayuda tras el caos"

Una historia de esperanza en medio del caos del accidente de tren en Urda

En un instante de horror y desolación, los vagones de los dos trenes que colisionaron en Urda se convirtieron en escenarios de angustia y caos. Sin embargo, también emergió una chispa de esperanza: una mujer abulense que prefiere ser conocida como Aquella, una figura que siente que la ha resguardado para que pudiera auxiliar a otros en este trágico evento.

Sonsoles, patrona de Ávila, es la protagonista de esta historia. Tras haber sobrevivido a un terremoto en Colombia en el que quedó atrapada en un ascensor, la vida la llevó nuevamente a una situación extrema. Tres meses más tarde, se encontraba en el vagón 8 del Iryo, partiendo de Atocha hacia Sevilla a las 7:54 de la mañana por motivos laborales.

A sus 39 años, Sonsoles es una mujer reservada sobre su vida personal pero abierta acerca de su fe y su experiencia como criminóloga y especialista en catástrofes. Este miércoles, su formación se convirtió en un faro de salvación. “El tren se detuvo”, comenzó a narrar, “y escuché como intentaban reiniciar el sistema, era un sonido similar al de una radial”.

Pasaron diez minutos que Sonsoles aprovechó para escuchar a unas emocionadas azafatas que celebraban haber aprobado su oposición. “Les pedí leche de soja para el café”, rememoró, “y ellas me invitaron a unirme a ellas. Me levanté, pero finalmente decidí no ir. Eso me salvó la vida. Ellas, junto a toda la tripulación, menos la maquinista, han fallecido”.

Con serenidad y valentía, Sonsoles continuó su relato: “Fue entonces cuando se produjo un estruendo ensordecedor. Pensé, ‘esto no puede estar sucediéndome otra vez’”, haciendo alusión a su reciente experiencia en Colombia. La anterior vivencia dulcificó, en cierta medida, la gravedad de la situación que estaba enfrentando.

“Las maletas comenzaron a caer y apareció la maquinista, una joven que, visiblemente nerviosa, decía no saber lo que había sucedido. Yo ya había hecho conexión con un Policía Nacional que estaba en el vagón, y ambos sentimos que estaba ocurriendo algo muy serio”, relató.

Sonsoles se movió hacia atrás en el tren y se encontró con personas gravemente heridas. A medida que avanzaba, el panorama se tornaba cada vez más sombrío. Detrás de su calma, se ocultaban escenas de dolor extremo y desesperación. Pero, de alguna manera, Alguien la había colocado en el epicentro de este desastre para que pudiera brillar como una luz en la oscuridad. “He podido ser el ángel de algunos porque Alguien cuidó de mí”, se emocionó, sintiéndose afortunada por haber tenido la oportunidad de ayudar.

Con determinación, se calzó las zapatillas que había traído en su maleta y se unió al Policía Nacional para actuar. “Lo primero era sacar a la gente de los vagones, ya que la catenaria empezaba a caer. Si esto sucedía mientras estábamos dentro, todos hubiésemos salido ardiendo”, explicó. Una vez que las personas estuvieron fuera, comenzó a atender a los heridos.

“Los servicios de emergencia tardaron en llegar, pero los propietarios de una finca cercana fueron los primeros en ayudar, cortando la valla para que pudiéramos trasladarnos a un olivar”, continuó, organizando el tratamiento de los muchos heridos que la rodeaban y ofreciendo consuelo a quienes lo necesitaban.

“Soy testigo de lo que significa lidiar con la muerte y el sufrimiento, pero supe que debía estar allí para ayudar”, reflexionó Sonsoles, quien durante horas trabajó junto a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, convirtiéndose en la luz que muchos necesitaban en ese oscuro momento.

“Después de todo lo que viví, aún me miro y no puedo creer que esté bien. Ha sido un milagro”, compartió, recordando las heridas que vio en el lugar. Aunque su profesión la preparó para manejar situaciones así, admitió que nada se compara con lo que presenció ese día.

Ahora, su fe se ha convertido en su guía. “A la vida hay que devolverle lo que te ha dado. Me alegra haber sido el ángel de alguien. Debía estar allí, porque, ¿qué posibilidades había de que saliera con vida?”, se cuestionó, reconociendo su fortuna.

En su mente está constantemente Alexandra, otra abulense que su familia está buscando. “Si hubiera sabido que había otra abulense en medio de ese caos, habría hecho lo posible por encontrarla”, expresó con emoción, buscando su nombre en las listas de triaje sin éxito.

“Si no me pasó nada en Colombia ni ahora, sé que se lo debo a la Virgen de Sonsoles. Siempre llevo conmigo la medalla que me regalaron al nacer, y también estaba en el tren”, cerró su relato, enviando un mensaje de esperanza a los familiares de los desaparecidos y agradeciendo a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, así como a la comunidad de Urda y sus alrededores.

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