La familia del hombre desaparecido lo busca en las orillas del Ebro a su paso por Logroño
Cerca de un centenar de personas se han reunido en la tarde de este miércoles para colaborar en la búsqueda de Alberto Martínez, el logroñés desaparecido el pasado sábado. El punto de partida fue el aparcamiento de Riojaforum, en Logroño, a las 18.00 horas, y el recorrido transcurrió por todo el tramo del río Ebro a su paso por la ciudad, revisando, sobre todo, las orillas. La Policía Nacional, junto a Bomberos de Logroño, llevan días peinando varios tramos del Ebro tanto en lanchas como con drones.
Antes de iniciar el rastreo voluntario el grupo se dividió entre quienes disponían de vehículo para desplazarse más rápidamente a otras zonas, como la de los polígonos Cantabria y La Portalada y los puentes, y quienes no, conformando varios grupos. «Todo está mirado ya, pero bueno», reconocieron las hijas del desaparecido, quienes recibieron el afecto de numerosas personas y en varios momentos se emocionaron. «Hemos buscado por todas partes ya, en Logroño, por La Grajera, Varea, Lardero y hasta en Alberite. La gente nos esta ayudando mucho y lo agradecemos pero, de momento, no sabemos nada», explicó Carmen, una de las cinco hijas de Alberto Martínez.
Tras dos horas de rastreo, la búsqueda resultó infructuosa. «No sabemos qué ha podido suceder, quizá un accidente, porque nos resistimos a pensar que haya querido quitarse la vida», declaró Carmen Martínez. En ese sentido centraron la búsqueda en la tarde de ayer en las proximidades del Ebro, con el deseo de que la desaparición se resuelva cuanto antes. Alberto Martínez es un hombre de 83 años, 1,70 metros de altura y 70 kilos que en el momento de la desaparición portaba unas gafas de sol y vestía una camisa de cuadros, un polo y una gorra azul.
La única pista fiable hasta el momento es la de un conocido que el pasado sábado (5 de septiembre) lo vio caminando por la calle Luis de Ulloa, a la altura del bar Frankfurt, y que asegura que incluso le saludó. Alberto Martínez no sufre ninguna patología pero recientemente fue operado de un ojo y necesita un colirio. Lo más inquietante para la familia es que dejó en casa, donde vive con su hija pequeña, las llaves y las tarjetas, incluido el bonobús, algo que consideran muy extraño.
«Ha llamado gente que cree haberlo visto por la calle o en un autobús pero, hasta el momento, ninguna otra pista ha sido válida», reconoce Carmen Martínez. La familia reconoce estar angustiada por la impotencia por no saber qué ha sucedido, por lo que está recibiendo apoyo psicológico. Por otra parte, también se siente sola a la hora de organizar búsquedas y otras tareas de rastreo. En el día de hoy las hijas se van a reunir con la delegada del Gobierno en La Rioja, Beatriz Arraiz, para solicitar ampliar los medios de búsqueda.




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