Un grupo de abulenses vive un aterrador terremoto en Colombia
El pasado lunes, 10 de agosto, a las 7:34:27, seis amigos de Ávila experimentaron un evento que jamás olvidarán. En el Aeropuerto Internacional de Matecaña, en Pereira, Colombia, mientras aguardaban su vuelo hacia Medellín, la tierra tembló intensamente durante aproximadamente un minuto y 36 segundos. Afortunadamente, están aquí para contar su historia tras un sismo de magnitud 7,4 con epicentro en San José del Palmar, Chocó.
Uno de los miembros de este grupo, que incluye a dos primos, relata su afición por los viajes. Después de haber explorado México el año anterior, llevaban cinco días en Colombia, disfrutando de Bogotá y Salento en el famoso eje cafetero. La mañana del terremoto, se levantaron temprano, devolvieron el coche de alquiler y decidieron desayunar en el aeropuerto. «Estábamos a punto de probar nuestro desayuno cuando el suelo comenzó a vibrar, algo extraño, como si los pies se movieran», cuenta. De pronto, el caos se desató: «Hubo un gran estruendo, la gente empezó a correr y todo comenzó a moverse». Mientras cinco de ellos se lanzaron hacia la salida, describe cómo «los perfiles y los embellecedores del techo se caían. Al salir, el puente del aeropuerto se movía de manera alarmante, y parecía que podía desplomarse sobre nosotros».
Una de las integrantes, tras pedir un café, decidió subir al segundo piso para comprar un bocadillo. «Justo cuando entré al ascensor, comenzó el terremoto», recuerda. Atrapada en el ascensor, pudo decir, aliviada, que fue «la última evacuada con vida del aeropuerto, una hora después del desastre». Agradece al personal de seguridad y del restaurante que la ayudaron a salir. «Me agarré con fuerza a la barandilla, temía que el ascensor se desplomara, y no paraba de moverse. Desde la cristalera, vi todo lo que sucedía a mi alrededor: techos que caían, gente herida…». Aunque pensó que estaba sola, un hombre del restaurante, al escuchar sus gritos, se quedó con ella, haciendo señales a los equipos de emergencia.
Mientras tanto, el resto del grupo, que había salido corriendo, no dudó en buscar a su compañera. «Dejamos algunas maletas atrás, pero volvimos a recuperarlas más tarde», explican. Un amigo se aventuró por el exterior del aeropuerto buscando posibles salidas, mientras otros esperaban en la puerta. «El tiempo pasaba, y solo salían heridos. Esa incertidumbre asusta». Finalmente, tras lo que pareció una eternidad, la vieron salir caminando, y esa imagen se convirtió en el momento más esperanzador de su travesía.
Una vez reunidos, la aventura continuó. Se unieron a otros españoles que también estaban en el aeropuerto, formando un grupo de 16. «Las comunicaciones fallaban y no teníamos información clara sobre qué aeropuertos estaban operativos», explican. Decidieron trasladarse al aeropuerto más cercano con conexiones disponibles: Medellín. A pesar del susto, su viaje seguía, y el grupo tenía planes de continuar hasta el 23 de agosto. Utilizaron tres coches que habían quedado en la zona de alquiler, ya que las oficinas estaban cerradas. Sin embargo, tuvieron que esperar varias horas, durante las cuales permanecieron en el exterior del aeropuerto, «sin comer ni beber, porque primero había que atender a los heridos y no había cobertura para comunicarnos con nuestros familiares». Hoy siguen su camino en Medellín, pero el pánico vivido en el Aeropuerto Internacional de Matecaña permanecerá en sus memorias por mucho tiempo.

Publicar comentario