Querida Laura, un adiós lleno de emoción y recuerdos.

Querida Laura, un adiós lleno de emoción y recuerdos.

Emotiva carta a Laura León Montelongo

Querida Laura, jooooo, qué fuerte.

Nos ha tocado despedirte y no sé cómo empezar esta carta para ti.

Hace casi ocho años escribí otra a mi amiga Nieves y tú la habías leído en la prensa sin saber que era mía.

Cuando te enteraste, me dijiste: ay, María, ¿era tuya? Qué bonitos sentimientos expresados para una amiga. Y me diste un fuerte abrazo.

Y aquí estoy yo, ahora, escribiendo una para ti, especialmente para ti.

Esta carta para ti, algo que nunca llegué a pensar, desear o presentir que sucedería.

Ahora me siento triste, aunque sé que el tiempo pasará y dejará el lugar a los bellos recuerdos y los abrazos compartidos.

Qué hermosa huella has dejado, en tus queridos hijos, en tu gran amigo Andrés, en tus hermanos, en toda tu familia, en tus amigos, en tus compañeros de trabajo y un largo etcétera que tuvieron el privilegio de conocerte y compartir contigo.

Qué pena ver a tus queridos hijos llorar desconsoladamente y preguntarse por qué. No hay respuesta para ello, porque el resto tampoco lo entendemos.

Son tan jóvenes de edad, con toda una vida por delante.

Con toda seguridad, cuando pasen la pena, el duelo y el dolor, ellos sacarán la fuerza que tú les grabaste en el corazón y con el linaje del que forman parte, aprenderán y vivirán como lo que son, dignos hijos de su madre y de su padre Andrés, no menos especial, que les cuidará porque, conociéndote, seguro que lo habrás dejado encargado de ello con lista y anotaciones.

Los que tenemos acumulación de años y de experiencia, que no siempre es lo mismo, ya sabemos que las lágrimas amargas dan lugar a la serenidad y, como todo es cíclico, llegará la calma a sus corazones y a su día a día.

Qué orgullo y privilegio sentías de la familia que crearon tus padres de formar parte de una tribu, como yo llamo.

Os recuerdo a todos sentados en la mesa de la notaría, recibiendo la herencia de vuestros queridos padres. Con qué dignidad, respeto y hermandad os vi.

Yo, que he visto a gente pelearse por un estanque vacío, me sentí afortunada de participar, aunque fuese de espectadora, de ello.

Sentí, y te lo dije, que habían heredado algo que no se contabiliza, que no dan los apellidos, ni la cuna de nacimiento, ni el rancio abolengo, ni todos los millones del mundo: un amor a la familia, una dignidad, algo que se llevará impreso por y para siempre.

Conocíamos a tus buenos amigos de trabajo por tus historias, y con ellos compartías nuestras locuras y aventuras de La Pandi.

Cuando conocí a algunas de esas personas en tu despedida, sentía como si existiera un amoroso vínculo entre todos.

Ese vínculo, ese lazo de amorcito, eres tú, querida Laura.

Tus hijos estaban sorprendidos de la cantidad de flores, de las muestras de cariño de todos hacia ti.

El cielo ahora tiene una estrella más, con glamour, eso sí.

Que sepas que sigo guardando tus audios con tu voz de pito, algo de lo que te quejabas, pero que te hacía única, irrepetible y difícil de imitar (hasta para ti misma).

Pito que ha resonado en el corazón de todos los que tuvimos el privilegio de compartir contigo experiencias.

No nos damos cuenta de lo que pueden significar nuestras palabras, unos gestos, nuestras acciones para el otro que tenemos en cuenta. Tú siempre fuiste considerada con el otro que tenías enfrente.

Cuántas buenas palabras, buenas acciones, buenos amigos, buenos ejemplos, un buen legado que, ten por seguro, no se apagará con el trascurrir del tiempo.

En mi etapa de oscuridad me dijiste, ‘la familia te toca y los amigos se eligen. Y yo te he elegido a ti’.

Cuando ya he aprendido a expresarme te di las gracias por aquellas palabras.

Porque esas palabras me hicieron tanto bien cuando la inseguridad y el miedo eran los compañeros de mis días y mis noches.

Fue una de las cosas que me dieron fuerza en aquellos momentos.

Gracias por tu amor, gracias por tu confianza, gracias por Ser y Estar en mi vida.

El honor de llamarnos amigos, en toda la extensión de la palabra, en grande y en MAYÚSCULAS, como me dijiste en uno de tus últimos audios.

Las niñas de nuestra época, que nos inculcaron que teníamos que ser niñas buenas, callar, hacer todo perfecto, con el tiempo y la experiencia de la vida, hemos comprobado que los patrones que nos marcaron o nos marcamos nosotras, tanto da una cosa como otra, nos fueron útiles en aquellos momentos para vivir o sobrevivir a veces, dependiendo de la época.

Las heridas se sanan cuando nos permitimos vivir todos los procesos de dolor, rabia, aceptación y, al final, el amor toma su lugar. Tú has sido un ejemplo para muchos por ello.

El amor, primero a una misma, y luego al resto de los personajes de una experiencia terrenal.

El cumplir años y el paso del tiempo nos enseña a relativizar y situar las cosas. No todo iban a ser canas, arrugas y celulitis.

Se aprende que las tormentas pasan, dando lugar al sol, que se brinda por la vida, que se toma a sorbitos, que no hay que tener prisas para vivir. Cada día dejará su lugar a la noche y así sucesivamente, una y otra vez.

La elección es libre, el respeto, imprescindible, el amor, incondicional. Nuestro principal enfoque. Y los AMIGOS, EN MAYÚSCULAS, el mejor de los tesoros. Tú eres uno de los míos y, con toda seguridad, de muchos más.

Siempre tendré en mi memoria y en mi corazón guardado con un cariño especial nuestro verano del 2020.

Aquel verano que nos enseñó a querer y valorar lo que teníamos y a descartar y dejar marchar lo que ya no es para nosotras.

Cuántas risas, cuántos abrazos, de corazón a corazón.

Ese verano donde nos contamos cosas, donde nos pedimos perdón mutuamente, sin más explicaciones, lloramos juntas y empezamos una nueva etapa de confianza y amor mutuo con una nueva forma de ver y sentir la amistad.

Siempre tendrás espacio en mi corazón, en mi recuerdo, en mi vida.

Que sepas que me has ayudado a curar heridas, a sentirme querida por quién soy.

En la nueva versión de María 2.0 hago todo lo posible para decir lo que pienso, siento lo que digo, hago lo que me hace feliz y estoy aprendiendo a fluir.

Querida Laura, en tus últimos tiempos de esta ilusión que llamamos vida, qué bien lo supiste hacer, una maestra para los que vimos tu lucha en tus momentos finales.

Nos diste una lección de entereza y humildad al resto de los que nos hemos quedado aquí.

Era un placer oírte hablar, cuando compartías las fotos de tus aventuras con tus amados hijos y cómo nos lo contabas todo, sin filtros y decías ‘a

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