La herida terrorista que no deja de sangrar
María José García Sánchez se convirtió en la primera mujer policía nacional asesinada por un acto terrorista el 16 de junio de 1981. Durante un operativo en Zarautz (Guipúzcoa), recibió un disparo en la cabeza por parte de los terroristas que huían de una vivienda que inspeccionaba. La Dirección General de la Policía declaró esa fecha como el Día de las Víctimas del Terrorismo en la Policía Nacional, honrando así a los 188 fallecidos entre 1968 y 2015.
Tres vallisoletanos figuran en la lista de las víctimas mortales. El primero es Florentino Herguedas, quien fue asesinado por el Grapo en 1968 mientras esperaba el autobús en Madrid. El segundo es Rafael Mucientes, quien murió en 1987 a causa de un coche bomba de ETA en Vitoria. El tercero es Francisco Javier Sanz Morales, asesinado por el Grapo en 2000 en Madrid.
Además de los fallecidos, hay otras numerosas víctimas que sobreviven con secuelas físicas y psicológicas. Dos de ellas son policías nacionales F. P. y Sebastián Nogales, quienes sufrieron ataques de ETA.
F. P. fue víctima del atentado en la T4 del aeropuerto de Barajas en 2006. La explosión de una furgoneta de ETA lo dejó gravemente herido, pero logró salvar muchas vidas al refugiar a las personas dentro de la terminal.
Sebastián Nogales fue atacado por la kale borroka en Pamplona en 2002. Fue brutalmente agredido por personas que portaban pintura fosforita en la espalda para marcar a los policías presentes. Aunque los responsables nunca fueron condenados, Nogales ha seguido adelante a pesar de las secuelas sufridas.
La Junta de Castilla y León ha concedido a la Policía Nacional la Medalla en Defensa y Atención a las Víctimas del Terrorismo en reconocimiento a su labor en la garantía del bien y la seguridad pública.
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