Incendio forestal en Ávila moviliza a los Bomberos de Valladolid
El pasado jueves, 23 de julio, a eso de las 23.00 horas, sonó el teléfono del jefe de Bomberos de Valladolid, Javier Reinoso. Al otro lado de la línea estaba la directora de la Agencia de Protección Civil de Castilla y León, Irene Cortés, que decidió pedir ayuda al comprobar la magnitud de los incendios que estaban asolando la zona de Burgohondo, en Ávila. Por entonces ya había 1.500 personas desalojadas y las condiciones meteorológicas no hacían presagiar nada bueno. Reinoso trasladó esa solicitud al alcalde, Jesús Julio Carnero, que dio el visto bueno para ayudar con todos los medios que fueran precisos. Aunque no todos estaban disponibles, porque dos vehículos «forestales» se habían quemado a principio de mes en las labores de extinción de otro fuego en una empresa de palés, junto a la rotonda de San Agustín.
Así que Reinoso ofreció a Cortés personal si Protección Civil aportaba ese tipo de camiones o enviar un vehículo urbano con el que proteger núcleos de población. Como cualquier ayuda era poca en esos momentos, a primera hora de la mañana salió la primera dotación.
Desde ese momento los Bomberos de Valladolid no dejaron de prestar ayuda en el incendio más grave de la historia de Castilla y León. Y de España, si se tiene en cuenta toda la extensión quemada en Madrid. Uno de los bomberos que es natural de la zona siniestrada en Ávila, y que disponía de vivienda en la zona, se quedó allí para hacer de enlace de los dos grupos de «unas cinco o seis personas» que se iban relevando cada 24 horas.
«Nos encontramos una situación muy compleja y bastante grave, que afectaba a explotaciones ganaderas y a viviendas, con muchos desplazados», recuerda el cabo Jorge Marcos. La coordinación allí ha sido uno de los aspectos más importantes, teniendo en cuenta que se han desplazado bomberos de muchas localidades cercanas, como Cáceres y Cantabria. Los de Ávila siempre han estado al mando.
El dispositivo de Valladolid se centró el primer día en defender el municipio de El Tiemblo para desplazarse el sábado a Casavieja y hacer lo propio posteriormente por los pueblos que recorría la CL-501, como Piedralaves y Sotillo de la Adrada. «Atendíamos desde reactivaciones de puntos calientes a una vivienda en cuyo jardín había entrado una pavesa que provocó que la casa empezara a arder», añade el cabo. Según él, el factor «más limitante» ha sido el viento. «En vegetación baja puede haber una llama relativamente pequeña y en un breve espacio de tiempo las ráfagas son capaces de generar un frente bastante amplio, de cinco o seis metros y hasta 20 o 30 si pilla árboles… es una situación bastante seria», añade. Esto obligaba a los bomberos a replegarse hasta una posición más segura y volver e empezar a atajar el fuego «desde cero».
Un trabajo muy similar al de los 35 efectivos que envió los Bomberos de la Diputación procedentes de los diferentes parques de la provincia. También en turnos de 24 horas. El cabo Ángel Barcenilla tiene claro que es «el peor fuego» al que se ha enfrentado en sus 26 años de carrera, en los que ha tenido que hacer frente a desastres de muy diferente naturaleza y magnitud. Aparte de los recursos humanos, Diputación también envió dos vehículos nodriza para abastecer de agua a los que estaban en primera línea de fuego.
Estos profesionales también tienen que coordinar a algunos vecinos que se niegan a abandonar la zona y se ponen a ayudar para salvar sus casas. Siempre con la mejor intención, pero no con los suficientes conocimientos, lo que puede derivar en situaciones peligrosas. Los bomberos tienen que sacar a relucir su empatía para entender la desesperación y nervios de una población en riesgo de perderlo todo. No obstante, la gratitud de los vecinos de Ávila a estos profesionales quedó patente en infinidad de muestras de cariño. En la comida y agua que ofrecían en cada casa.
Publicar comentario