Hace 30 años, en abril de 1994, ocurrió un trágico crimen que impactó en la comunidad de jugadores de rol en España. Carlos Moreno Fernández, un trabajador de la limpieza de 52 años, fue cruelmente asesinado en una parada de autobús en el barrio de Hortaleza en Madrid. Su cuerpo fue encontrado apuñalado, destripado y con la columna rota. Este caso se conoció como «El Crimen del Rol» y desencadenó la persecución y estigmatización de los aficionados a los juegos de rol durante años.
En un principio, la Guardia Civil no pudo determinar el motivo del crimen. No se encontró evidencia de robo, ya que la víctima aún tenía 60,000 pesetas en su poder. Más tarde, surgió la información de que los perpetradores eran dos jóvenes: Javier Rosado, un estudiante universitario de 21 años, y un menor de 17 años llamado Félix Martínez. Ambos habían creado un juego de rol llamado «Razas», que involucraba la búsqueda y el asesinato de una víctima antes de cierta hora de la madrugada.
El crimen fue particularmente cruel, ya que los jóvenes se ensañaron con Carlos durante aproximadamente veinte minutos antes de que finalmente dejara de luchar. Posteriormente, su cuerpo fue encontrado en un terraplén por un conductor de autobús. Este trágico incidente generó un gran interrogante en la sociedad y provocó una ola de estigmatización hacia los juegos de rol, siendo culpados de incitar a la violencia y el asesinato.
La situación empeoró cuando la prensa decidió centrarse en los juegos de rol y culparlos directamente del crimen, ignorando el hecho de que los perpetradores también tenían libros con contenido racista, nazi y xenófobo en su posesión. Durante años, los medios de comunicación difundieron información errónea y perpetuaron estereotipos negativos sobre esta afición, lo que llevó a la persecución de los jugadores de rol en la sociedad.
Los roleros se convirtieron en los apestados de la sociedad, siendo señalados y excluidos por sus compañeros en el colegio e incluso prohibidos por sus propios padres de jugar a rol. Muchos aficionados continuaron practicando en secreto, ya que los juegos de rol les brindaban la oportunidad de aprender, imaginar y divertirse con amigos mientras desarrollaban habilidades de pensamiento y trabajo en equipo.
Afortunadamente, con el tiempo, la situación comenzó a cambiar. La sentencia del Tribunal Supremo eximió a los juegos de rol de cualquier responsabilidad en el crimen, y los medios de comunicación dejaron de relacionarlos directamente con sucesos delictivos. Los roleros se organizaron y lucharon contra los bulos y las falsas informaciones, promoviendo la comprensión y aceptación de los juegos de rol como una forma de ocio inteligente.
Hoy en día, los juegos de rol han recuperado cierto prestigio y continúan siendo practicados por aficionados en todo el mundo. Han demostrado ser una herramienta educativa eficaz y se utilizan en diversos campos, como la formación, la psicología y la resolución de problemas. A pesar de los desafíos que enfrentaron, los roleros han logrado revertir la estigmatización y disfrutar de su afición sin temor a ser señalados.
El crimen del rol fue un evento trágico que marcó a la comunidad de jugadores de rol en España, pero también fue el punto de inflexión que permitió el fortalecimiento y la resiliencia de esta comunidad. Aunque el recuerdo de aquellos acontecimientos trágicos perdurará, los jugadores de rol continúan disfrutando de su afición y demostrando que el juego de rol es mucho más que una simple diversión. Es una forma de imaginar, aprender y compartir momentos inolvidables con amigos.




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