Juicio al ‘padre Fran’: testigos de la Iglesia en Melilla revelan detalles clave
La Audiencia Provincial de Málaga ha sido el escenario de una nueva jornada del juicio contra el conocido ‘padre Fran’, un sacerdote de Vélez-Málaga enfrentado a cuatro cargos por agresión sexual mediante sumisión química, así como por revelación de secretos y lesiones continuadas. Este miércoles, se escucharon las declaraciones de testigos fundamentales de la Iglesia en Melilla, incluyendo al vicario episcopal, quien defendió su actuación frente a la falta de pruebas en el momento en que se enteró de las acusaciones: «Si (la denunciante) me hubiera mostrado los vídeos, yo mismo hubiera ido a comisaría».
Los acontecimientos se precipitaron el pasado 7 de enero de 2023, cuando otro sacerdote le solicitó una reunión en su hogar. Durante este encuentro, el vicario se mostró «petrificado» al enterarse de que el ‘padre Fran’ mantenía una relación con una mujer que afirmaba haber descubierto videos comprometedores en un disco duro, en los que supuestamente el acusado abusaba de varias mujeres.
El vicario relató que su primera reacción fue verificar la información, pero la situación se tornó confusa en menos de 24 horas, ya que la mujer mencionó que había borrado los archivos. En un intento de aclarar la situación, convocó de manera urgente una reunión en la parroquia, donde se sentó al acusado, al sacerdote que había dado la voz de alarma y a un matrimonio amigo de la denunciante.
El vicario también aclaró ante el tribunal que se ofreció a acompañar a la denunciante a la policía, pero ella se negó por temor a que el cura se suicidara o fuera a prisión. Durante el encuentro, el padre Fran negó la existencia de los videos. Según el testimonio del vicario, el acusado conectó el disco duro al ordenador de la iglesia para demostrar que no había nada comprometedora; «Yo no vi nada; solo fotos de una despedida con imágenes muy soeces», recordó el testigo, quien subrayó que el procesado tenía control total del dispositivo.
Ante la falta de evidencias y la confirmación de la relación sentimental, el obispo ordenó que el acusado fuera apartado provisionalmente y enviado a Vélez-Málaga para «reflexionar», antes de ser trasladado a El Burgo y Yunquera. El vicario también se defendió de las acusaciones de haber ignorado a la exnovia del acusado, quien había destapado el caso. «Cualquier persona que me conozca en Melilla sabe que soy completamente accesible», argumentó, explicando que la mujer se presentó a mediados de enero, pero no pudieron hablar a fondo debido a su apretada agenda.
La mujer no regresó hasta cerca de Semana Santa, cuando le preguntó si sabía del paradero de Fran, afirmando que llevaban una semana buscándolo. «Nos estamos recorriendo los hoteles de Málaga y otras provincias», le dijo, según el vicario. En esa conversación, la joven insistió en tener pruebas de que el cura hacía daño a las mujeres, a lo que el testigo respondió: «Si es así, vamos a denunciar». Sin embargo, ella se mostró reacia, alegando que «no podía denunciar porque lo iban a llevar preso o se iba a ahorcar». Posteriormente, el vicario decidió elevar el asunto a sus superiores.
Al ser interrogado sobre si alguna vez creyó el relato de los abusos, el testigo fue contundente: «¿Creyó alguna vez a la denunciante? Pues no». Justificó su escepticismo mencionando la falta de pruebas, el hecho de que el otro sacerdote nunca vio los videos y las inconsistencias en la versión de la mujer. Fue solo el 5 de septiembre de 2023 cuando la Policía de Melilla lo citó y le confirmó la existencia de los videos. «Me dio una lipotimia, estaba en ‘shock’ completamente», concluyó.
La sesión continuó con el testimonio de otro sacerdote de la parroquia de Melilla, quien también había conocido al ‘padre Fran’ en el seminario en 2013. Este último se enteró de la situación un día antes, el 6 de enero de 2023. Durante una misa de Reyes, la denunciante entró al templo «llorando desconsolada», expresando su deseo de «quitarse de en medio». Al hablar con ella, confesó la relación con Fran y el hallazgo de los videos donde el acusado hacía «cosas malas a las mujeres que eran sus amigas».
La joven, según el testigo, mencionó que «las mujeres salían como muertas mientras Fran abusaba de ellas» y que él le había implorado que guardara el secreto, advirtiéndole que si se hacía público, «se quitaba la vida». El testigo se mostró visiblemente afectado y, al día siguiente, encaró a Fran, quien admitió la relación pero negó la existencia de los videos. El sacerdote propuso revisar el disco duro en su casa, pero al no funcionar el ordenador, llevaron el dispositivo a la parroquia. Durante el trayecto, el acusado mostraba una «cara blanca», visiblemente alterado.
Una vez en la oficina, el cura le pidió a la joven que buscara los archivos, pero ella solo repetía que «está ahí, está ahí», sin poder señalar ninguna carpeta específica. Al final, lo único que vio el testigo fueron fotos de la despedida de soltero que Fran mostró. El testigo recordó que el acusado ofreció que se quedaran con el disco duro, lo que fue rechazado, y que la mujer le había dicho que tenía una copia en su propio equipo.
Al día siguiente, el sacerdote contactó a la denunciante para que le mostrara dicha copia, pero ella informó que la «había borrado». Ante la falta de pruebas y las inconsistencias en el relato de la mujer, el cura terminó por creer al procesado, «descarté la existencia de esas imágenes; me sentí fatal por haber dudado de la palabra de un compañero», recordó.




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