Mantienen petición de 32 años por agresión sexual a menor en Gipuzkoa
La Fiscalía y la acusación particular han reafirmado su solicitud de 32 años y medio de cárcel para un joven acusado de agredir sexualmente a su novia, una niña tutelada, cuando él tenía 23 años y ella estaba a punto de cumplir los 15. Después de celebrarse las primeras jornadas del juicio el pasado mes de septiembre, finalmente se ha dado a conocer el testimonio de una testigo ausente en aquel momento. Ambas acusaciones consideran al procesado responsable de un delito de agresión sexual y abuso sexual, así como de maltrato habitual y otro no habitual en el ámbito de la violencia de género, junto a otros delitos de coacciones, vejaciones injustas e injurias con agravante de parentesco.
32 años de prisión
La Fiscalía y la acusación particular reclaman penas que suman 32 años y medio de prisión, además de 60 días de localización permanente para el acusado. También solicitan que se le prohíba comunicarse y aproximarse a la víctima durante 54 años, y que pague una compensación de 20.000 euros por daños morales causados. La defensa, por su parte, solo admite los delitos de coacciones y vejaciones, solicitando la pena mínima. Argumentan que las relaciones sexuales fueron consentidas debido a una diferencia de edad pero con un nivel intelectual similar entre ambos.
Centro de menores tutelados
Los hechos ocurrieron en el año 2020 cuando la víctima y el acusado iniciaron una relación sentimental. Durante su breve relación, el procesado habría ejercido una posición de dominio y control sobre la adolescente. Según la Fiscalía, se mostró celoso y le impidió mantener relaciones sociales, utilizar las redes sociales y le dictaba lo que tenía que hacer. Además, la insultaba de forma habitual. En una ocasión, presuntamente agredió físicamente a la menor mientras la acusaba de estar con otras personas. El acusado, a sabiendas de que la chica era menor de edad, habría mantenido relaciones sexuales con ella en su domicilio, a pesar de que debía residir en un centro tutelado por la Diputación de Gipuzkoa.
Abrazos y besos
El procesado presionó psicológicamente a la víctima para evitar que denunciara los hechos. Como resultado, la adolescente declaró posteriormente que nunca había mantenido relaciones sexuales con el acusado, solo abrazos y besos en la boca. A pesar de lo ocurrido, la pareja continuó con su relación hasta que la menor decidió finalizarla. Después de la ruptura, el acusado amenazó a la chica con arruinar su vida y la de su familia si llegaba a denunciarlo.
Durante el juicio, la Fiscalía y la acusación particular consideraron los hechos acreditados, destacando la declaración de la víctima como prueba clave debido a su coherencia y corroboración periférica por parte de otros testigos. Sin embargo, la defensa argumentó una falta de pruebas y contradicciones en el testimonio de la víctima, señalando supuesta influencia de su madre en la situación.




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