La dueña de la agencia de viajes Florín se enfrenta a acusaciones de fraude tras haber transferido grandes sumas a un supuesto militar en Líbano
En un giro sorprendente de los acontecimientos, Florinda, propietaria de la agencia de viajes Florín, se encuentra en el ojo del huracán tras una serie de sucesos desafortunados. Inicialmente, su contacto en Facebook, un hombre que afirmaba ser un militar en misión en Líbano, fue ignorado por ella. Sin embargo, su insistencia llevó a una serie de intercambios que pronto se convirtieron en un vínculo más profundo. Se enviaban mensajes de apoyo diario, compartían sus problemas y hasta fotos personales. La vida de Florinda giraba entre la agencia y una tienda de animales, trabajando arduamente de nueve de la mañana a nueve de la noche, sin descanso alguno, un estilo de vida que la dejaba sentir la soledad.
La conexión con este hombre, que se presentaba como un miembro de las Fuerzas de Pacificación, comenzó a cobrar importancia en su vida. A pesar de su escepticismo inicial, Florinda decidió abrirse y el intercambio de números de teléfono pronto facilitó la comunicación a través de WhatsApp. La historia tomó un giro inesperado cuando él le solicitó una ayuda económica de 50 euros para resolver un trámite en una embajada. Florinda, tras investigar la titular de la cuenta, no detectó irregularidades y decidió confiar en él. Sin embargo, las autoridades han revelado que, en menos de un año, la suma total de dinero que Florinda le transfirió asciende a 280.000 euros.
El hombre le prometió que pronto se jubilaría y que vendría a visitarla, lo cual alimentó aún más su esperanza. La soledad se convirtió en un factor determinante en su decisión de seguir ayudándolo económicamente. A finales de septiembre de 2024, tanto ella como su familia y algunos empleados fueron arrestados tras recibir más de cincuenta denuncias de clientes que habían pagado por sus viajes pero que no habían recibido la documentación necesaria, dejando la agencia cerrada.
Florinda intenta defenderse, argumentando que para el momento de su detención ya se había retirado y responsabiliza a sus empleados por la falta de comunicación que condujo a la crisis. En sus declaraciones, recalca que no fue informada de las bajas y que no pudo gestionar los expedientes, lo que resultó en la actual situación caótica. Con cuentas congeladas y sin recursos económicos, afirma estar al borde de la desesperación. «No tengo ni para comer», expresa, señalando que ha estado sin ingresos durante más de 17 meses. A pesar de su situación, recién en prisión descubrió que su amigo virtual formaba parte de una red criminal dedicada a las estafas sentimentales.
La reacción de los clientes afectados ha sido de indignación, muchos de ellos asegurando que las declaraciones de Florinda en televisión están llenas de contradicciones y mentiras, lo que complica aún más su situación.




Publicar comentario