Trágico crimen que conmocionó a la sociedad española
Tarde de sábado. Empezaba a oscurecer. Sonó el timbre. La criada acudió solícita hacia la puerta. No conocía al visitante, que preguntó por el señor de la casa. Al poco apareció Emilio Fernández, que saludó al recién llegado y le invitó a pasar.
De inmediato Paulina Reyes volvió a la cocina, donde continuó pelando judías verdes para la cena. Transcurrido un rato escuchó ruidos de forcejeo en el cuarto de baño. Se asomó al pasillo preocupada cuando sonó un disparo. Acudió rauda a ver qué ocurría. Se dio de bruces con el recién llegado. Vio sangre en el suelo. Empezó a chillar.
El desconocido la sujetó por la espalda y le tapó la boca con la mano izquierda, para evitar que el vecindario se alarmara. Un fornido hombre de más de 1’80 contra una menuda joven de 1’60. Le dio un golpe en la frente con la pistola que empuñaba en la diestra, empujándola hacia la cocina. Como no perdía el conocimiento y trataba de huir, cogió un cuchillo que vio sobre una mesa auxiliar. Lo giró hacia ella y le asestó una puñalada, hasta la empuñadura, en el centro del corazón, partiéndoselo en dos.
El asesinato de la toledana Paulina Reyes lo envió al garroteLa joven cayó inerte. El asaltante la contempló pensativo. Estudió la situación creada. Al fin, cogió el menudo cuerpo por las axilas y lo fue arrastrando hasta el pequeño cuarto de servicio. Lo depositó sobre la cama, en posición de cúbito supino, apoyando la cabeza en la almohada. Después la semidesnudó, dejando tan solo puesta la bata blanca con listas azules. Le rasgó las prendas íntimas.
Al parecer, su propósito era que las sospechas recayeran en algún violador, como si hubiera estado cohabitando por la fuerza y que murió en el intento de defenderse. O una orgía sexual de adulterio con trágico final… Después limpió el mango del cuchillo y se lavó las manos para quitarse la sangre.
Cuando empezaba a inspeccionar la casa oyó girar la cerradura de la puerta. Era la esposa del difunto, María de los Desamparados Alonso. Ante la sorpresa de ella comentó con sumo aplomo que era inspector de Hacienda y estaba allí por una investigación sobre el negocio de su esposo. Razonó la ausencia de éste y de la sirvienta afirmando que habían marchado, junto con unos funcionarios, a la tienda que tenían para revisar las cuentas.
El asesinato de la toledana Paulina Reyes lo envió al garroteA la señora le extrañó aquello. Tras observar unas pequeñas manchas de sangre en el pasillo se asomó al baño. Horrorizada por la macabra escena intentó refugiarse en el dormitorio. Un disparo en la nuca ahogó sus gritos.
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