El ‘monstruo’ del videojuego de Fortnite que acechaba a niños desde Málaga
Durante meses, los investigadores de la Guardia Civil seguían de cerca a un individuo que representaba una amenaza alarmante: un pederasta que se infiltraba en el mundo de Fortnite, buscando a sus víctimas entre los más jóvenes. Este depredador sexual tenía un historial oscuro, con múltiples víctimas a su cargo, y se ocultaba en Málaga, donde llevó a cabo una agresión sexual contra un niño de solo siete años.
Al realizar un registro en su domicilio, el pederasta mostró una fría indiferencia, como si ya hubiera estado en situaciones similares. Los agentes confirmaron rápidamente su identidad al ver su teléfono móvil, que tenía como fondo de pantalla una imagen perturbadora de una menor desnuda.
La imagen fue su perdición, pues en una esquina aparecía su propio rostro, ya que era una captura de una videollamada. Al intentar desbloquear su dispositivo, los investigadores encontraron otra imagen explícita de la misma niña. Cuando se le instó a confesar, su respuesta fue desoladora: «Ya que estoy dentro del ataúd, no me pidáis que os proporcione los clavos».
El caso del ‘pederasta del Fortnite’ comenzó a tomar forma en verano de 2021, cuando un niño de 8 años le narró a su padre que un «amigo» le había hecho un regalo en el videojuego. Alarmado por el nerviosismo del menor, el padre indagó más y descubrió que su hijo había instalado Skype en la tablet, lo que despertó su preocupación. Tras una conversación con el niño, se enteró de que su «amigo» le había solicitado que se desnudara y mostrara su cuerpo.
La búsqueda del depredador no fue sencilla. Los investigadores de la Unidad Central Operativa (UCO) cruzaron datos de cuentas de Fortnite y detalles de la tarjeta de crédito utilizada para comprar un «pase de batalla». Este trabajo les llevó a una IP de móvil registrada a nombre de un marroquí, pero que resultó ser falsa. Sin embargo, una segunda IP de un ordenador los llevó a un domicilio en Málaga, donde vivía un hombre de 45 años, cuya historia era escalofriante.
Este sospechoso tenía un pasado criminal aterrador, con tres condenas por delitos de abusos sexuales a menores y pornografía infantil en Málaga. A pesar de haber cumplido 12 años en prisión, su doble nacionalidad (italiana y argentina) le facilitó el regreso a Europa tras su liberación en 2019. En su hogar, los investigadores hallaron un currículum orientado a trabajos con niños y programas diseñados para borrar archivos, así como un servidor en la nube que aseguraba la privacidad de su contenido. Al acceder a este, encontraron un archivo aterrador: carpetas que contenían fotos de 26 menores desnudos en posturas sexuales.
Cada carpeta estaba etiquetada con un nombre y, en ocasiones, una fecha de nacimiento, lo que confirmaba su conocimiento sobre la edad de las víctimas. Algunas carpetas contenían más de 300 imágenes del mismo niño, capturas de pantalla de videollamadas que mantenía con ellos, donde en muchas ocasiones su rostro también era visible en la esquina.
Los agentes idearon un método cuidadoso para identificar a los menores, mostrando las imágenes únicamente a los padres, quienes desconocían la situación de sus hijos, una vez confirmada su identidad. Utilizaron bases de datos de pornografía y registros municipales para hacer verificaciones exhaustivas. De los 26 menores, lograron identificar a 17, mientras que los padres de los otros 9 todavía ignoran que sus hijos fueron víctimas de este monstruo.
La investigación reveló el modus operandi del depredador, que coincidía en varios casos. Según el testimonio del jefe de la investigación, el condenado contactaba con los menores a través de Fortnite, un juego en línea popular entre niños de 7 a 11 años, donde se presentaba como profesor. Ganaba su confianza mediante la compra de accesorios del videojuego y luego los dirigía a Skype para conversaciones privadas.
Durante estas interacciones, les proponía que posaran desnudos a cambio de recursos del juego, capturando pantallas de esos momentos que luego almacenaba en la nube, como quedó probado en la sentencia. Se descubrió también una agresión sexual contra un niño de 7 años, quien había conocido al acusado en una playa nudista. Con el tiempo, el pederasta se ganó la confianza de la madre y se ofreció a cuidar al niño, momento que aprovechó para llevarlo a un lugar apartado y cometer el delito.
La Audiencia Provincial de Madrid emitió una condena histórica para este caso, imponiendo una pena de 433 años de prisión, una de las más severas en España por delitos sexuales contra menores. Se le condenó por agresión sexual, abuso sexual, múltiples casos de embaucamiento sexual, producción de pornografía infantil y ciberacoso. Sin embargo, el tribunal estableció un límite de 20 años de cumplimiento, además de 10 años de libertad vigilada, y ordenó su expulsión tras cumplir tres cuartas partes de la condena.




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