En una calle de Cornellà de Llobregat, los vecinos alertaron a las autoridades sobre un edificio que recibía constantes visitas de personas que claramente no vivían allí. La investigación de los Mossos d’Esquadra confirmó que se trataba de un narcopiso donde se vendía droga. Sin embargo, lo más llamativo era la forma de pago: en lugar de dinero, los traficantes aceptaban herramientas de trabajo robadas. Esta peculiaridad hacía que el lugar fuera muy atractivo para los consumidores.

Los agentes de los Mossos pusieron en marcha un dispositivo de vigilancia que reveló que cuatro hombres de distintas nacionalidades vendían marihuana y «basuco» en su domicilio. Lo curioso es que eran ellos mismos quienes buscaban a adictos en la calle y les ofrecían subir a su casa para venderles la droga. Además, algunas de las personas que accedían al piso llevaban herramientas de trabajo, probablemente robadas, que entregaban como forma de pago.

Finalmente, el 1 de abril se realizó un registro en el piso, donde se encontraron drogas listas para su distribución, básculas y utensilios para la confección de las dosis, así como varias herramientas de trabajo cuyos propietarios aún se desconocen. Los cuatro inquilinos fueron detenidos y acusados de un delito contra la salud pública.