Desmantelada una red criminal dedicada a estafas bancarias con datos de medio millón de personas
En una operación denominada ‘Fragmenta’, la Guardia Civil ha logrado detener a 13 personas y poner bajo investigación a otras cinco, acusadas de cometer estafas bancarias, blanqueo de capitales y pertenencia a una organización criminal. Esta red criminal especializada en fraudes bancarios operaba en Madrid, Palma de Mallorca, Valencia y Toledo, y se cree que ha afectado a cerca de 2.000 personas.
La investigación comenzó en 2024 después de la denuncia de una víctima que perdió 30.000 euros a raíz de una falsa comunicación bancaria. A partir de esta denuncia, se logró descubrir un entramado delictivo perfectamente organizado que operaba a nivel nacional.
18 miembros de la banda identificados
La Guardia Civil ha logrado identificar a los 18 integrantes de la organización, determinando los roles de cada uno dentro del grupo. La fase de explotación de la operación ha permitido desmantelar la organización y poner a los principales miembros ante la justicia.
Durante la fase final de la operación, se llevaron a cabo tres registros en Valencia y Madrid, donde se incautaron teléfonos móviles, equipos informáticos, dispositivos electrónicos, documentación y dinero en efectivo relacionado con la actividad delictiva. Entre el material confiscado se encontraba una base de datos con información personal y bancaria de 500.000 personas.
El análisis de esta documentación ha permitido identificar hasta el momento a cerca de 2.000 posibles víctimas, aunque la investigación sigue abierta y no se descarta que aparezcan más afectados.
Transferencias y productos financieros involucrados en el fraude
Los estafadores enviaban mensajes SMS falsos supuestamente de entidades bancarias para engañar a las víctimas y hacerlas acceder a páginas web fraudulentas donde introducían sus credenciales. Luego, se hacían pasar por empleados bancarios por teléfono para obtener códigos de verificación y realizar transferencias de dinero y solicitar préstamos a nombre de las víctimas.
Una vez obtenían el control de las cuentas, distribuían los fondos a través de numerosas cuentas bancarias para dificultar su rastreo y blanquear el dinero ilícitamente obtenido. La complejidad de la investigación se vio acentuada por el uso de identidades falsas, cuentas abiertas por terceros y una infraestructura tecnológica distribuida en varios países.




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