Trágica historia de una noche que terminó en crimen en Miraflores de los Ángeles
La velada previa al asesinato de Víctor se desarrolló sin contratiempos: cuatro compañeros de piso disfrutaron de unas cervezas mientras el autor del crimen, quien ha confesado su culpabilidad, se dedicaba a tatuar. En un gesto de camaradería, plasmó un dibujo de Charles Chaplin en el brazo de la víctima. Sin embargo, menos de 24 horas después, el propietario del piso fue encontrado sin vida en el dormitorio del tatuador. El primer testigo que dio la voz de alarma fue otro inquilino, quien pudo ser contactado por SUR.
Era ya pasada la medianoche cuando el testigo inmortalizó en una fotografía el nuevo tatuaje de Víctor. A las siete de la mañana, se marchó a trabajar, dejando a su compañero bebiendo. Al regresar al hogar, el escenario que encontró fue desgarrador: Víctor yacía en el suelo, con el rostro hacia abajo, en un charco de sangre. El presunto autor alegó que el casero se había caído, y al instante tomó el teléfono para notificar a los servicios de emergencia. En la llamada, relató que siguieron instrucciones para intentar reanimarlo, siendo él quien llevó a cabo las indicaciones.
La llegada de los paramédicos confirmó que la muerte de Víctor era de origen violento, lo que llevó a la Policía Nacional a la escena. Allí, se encontraron con rastros de sangre en las manos del sospechoso. Mientras aún se encontraba en el lugar, el acusado admitió que habían tenido una pelea que se había salido de control. El cuerpo de la víctima presentaba un fuerte traumatismo facial y evidencias de asfixia. Así, el autor confeso fue arrestado, mientras que los otros dos compañeros de piso, incluido el testigo que habló con SUR, fueron llevados a declarar como testigos.
El inquilino que fue testigo de los hechos comentó que intentaban llevar la convivencia «lo mejor que podían». No era su primera experiencia compartiendo techo con Víctor, y siempre buscaba tranquilizarlo durante sus crisis, que eran consecuencia de sus problemas de adicción. Aunque admitió que «no siempre era fácil», destacó que cuando se encontraba bien, Víctor era un hombre normal, un amigo al que consideraba cercano, expresando su profundo dolor y sorpresa ante lo ocurrido.
Voces de la comunidad
Víctor creció en un décimo piso de Miraflores de los Ángeles junto a sus padres y hermanas. A lo largo de su vida, se formó y ocupó un puesto relevante, pero las sombras de la adicción lo acompañaron, según relatan quienes lo conocieron. A pesar de sus 60 años, aún vivía en la casa familiar, alquilando habitaciones para obtener ingresos. Los vecinos lo describen como un hombre «bueno» y «educado» en sus momentos de lucidez, aunque reconocen que bajo la influencia de sustancias, su comportamiento complicaba la convivencia.
El presidente del edificio recordó cómo a veces intentaba motivar a Víctor para que dejara atrás su oscuro camino, lo que a menudo lo llevaba a las lágrimas: «No era malo, tenía buenos sentimientos». Los residentes que conversaron con SUR comentan que no tenían mucha interacción con Víctor, pero notaban el constante ir y venir de diferentes compañeros de piso. La mayoría coincidía en una inquietante predicción: «Sabíamos que esto no iba a acabar bien».
La mañana del martes 12 de abril, algunos conocidos de Víctor lo vieron en el barrio en un estado de agitación. Antes de que el reloj marcara las cinco de la tarde, se recibió la alerta a los servicios de emergencia: uno de sus compañeros de piso lo había encontrado boca abajo, sobre un charco de sangre. El supuesto responsable también se encontraba en el inmueble y en un principio alegó que había sufrido una caída.




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