Conmemoración de las inundaciones de Bilbao y Álava: 43 años de solidaridad y recuerdo
La memoria de las devastadoras inundaciones que golpearon Bilbao y Álava en agosto de 1983 resuena con fuerza en la actualidad. Cuatro décadas después, los habitantes de estas tierras rememoran con tristeza el impacto de aquel evento trágico que interrumpió sus celebraciones. En un solemne recuerdo, se destaca no solo la pérdida de vidas, incluyendo a cuatro policías que perecieron en labores de rescate, sino también la notable solidaridad que emergió entre los ciudadanos, uniendo fuerzas para resurgir del barro.
Este devastador suceso, considerado la mayor catástrofe natural en Euskadi, dejó a su paso daños significativos en 101 localidades, con Bilbao siendo una de las más afectadas. En total, 34 vidas se perdieron en el conjunto del País Vasco, mientras que los daños económicos ascendieron a aproximadamente 200.000 millones de pesetas (alrededor de 1.200 millones de euros).
La intensidad de las lluvias fue tal que, en un lapso de 24 horas, se registraron 503 litros por metro cuadrado en Bilbao. Este fenómeno, atribuido a una «gota fría», es tan excepcional que los expertos estiman un período de retorno de 500 años para que se repita un evento similar. A pesar de las lluvias previas, fue el 26 de agosto cuando las precipitaciones alcanzaron su punto máximo, desbordando la ría y afectando gravemente la festividad de la Semana Grande.
Las aguas arrasaron el centro festivo, inundando el Casco Viejo y otros barrios. Andoni Oleagordia, médico municipal de Bilbao en aquel entonces, recuerda la rápida respuesta de las comparsas festivas, quienes, junto a fuerzas del orden, se organizaron para advertir sobre el peligro y ayudar a quienes estaban en riesgo.
Las calles se convirtieron en ríos, con el agua alcanzando hasta tres metros en algunos puntos del Casco Viejo, colapsando comercios y locales, y dejando huellas visibles en las fachadas de muchos edificios. La fuerza del agua fue tal que se hundió el barco Consulado y se deformaron las vías de tren, provocando el descarrilamiento de vagones.
Al amanecer del 27 de agosto, la ría empezó a retornar a su cauce, revelando la magnitud de la devastación. Las noticias de las víctimas comenzaron a llegar, incluyendo tragedias en Galdakao, donde varias personas perdieron la vida por el colapso de un edificio. La situación era crítica, con numerosos edificios destruidos y carreteras cortadas en diversas localidades, como Bermeo y Gernika.
La respuesta del Ejército fue crucial, proporcionando alimentos y refugio a quienes habían perdido sus hogares. Los servicios de emergencia movilizaron todos sus recursos, mientras la población se abastecía de agua a través de camiones cisterna. Los medios de comunicación de la época reflejaron la magnitud de la tragedia, con titulares que hablaban de una Euskadi arrasada y la solidaridad del resto de España.
A pesar del caos, la solidaridad brilló con luz propia. Miles de ciudadanos se unieron de manera espontánea para limpiar la ciudad, armados con palas y botas de goma, dispuestos a ayudar a su comunidad. Este espíritu solidario se conmemora hoy, ya que las comparsas festivas de Bilbao han organizado un acto con el lema «Elkarlan Uholdea» para recordar aquel impulso de colaboración.
Aunque Marijaia, símbolo de las fiestas, fue dañada por la riada, su restauración simboliza la resiliencia de la ciudad, que, aunque tardó en recuperarse económicamente, demostró que la unión y la solidaridad pueden superar incluso las adversidades más grandes.




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