Condenan a hombre a siete años y medio de prisión por acoso sexual a una compañera en un supermercado de Burgos
La Audiencia Provincial de Burgos ha dictado sentencia condenatoria hacia un individuo que cometió acoso sexual continuado contra una de sus colegas de trabajo en el supermercado La Plaza de Día, ubicado en la calle Calzadas de la capital burgalesa. Además, se le imputa un delito contra la integridad moral por las humillaciones y vejaciones a las que sometió a la víctima a lo largo de este mismo periodo.
La condena incluye una pena de siete años y medio de prisión y el pago de una indemnización de 30,000 euros a la víctima, en concepto de daño psicológico y secuelas. Esta indemnización será sufragada por la compañía aseguradora del supermercado como responsable civil directa, dado que los hechos ocurrieron dentro de las instalaciones de la franquicia.
El proceso se inició en 2012, cuando el agresor, residente en Monasterio de Rodilla, comenzó a trabajar en el departamento de carnicería donde también se encontraba la víctima. Con el tiempo, el hombre aprovechó los momentos a solas con ella en lugares sin visibilidad para tocarle los pechos y la zona vaginal por encima de la ropa. Con el paso del tiempo, estos tocamientos se volvieron habituales y se intensificaron, llegando incluso a introducir sus dedos en la vagina de la víctima. Todo ello se realizó sin su consentimiento en ningún momento.
La mujer suplicó en múltiples ocasiones al agresor que cesara con estas acciones, mostrándole su deseo de que cesaran los actos de contenido sexual. Sin embargo, debido a la vergüenza y al temor de que la situación afectara a su vida familiar (ya que es una mujer casada y madre de tres hijos), la víctima no compartió estos hechos con sus compañeros de trabajo, amistades o familiares.
Entre el verano de 2018 y mayo de 2019, periodo durante el cual la víctima estuvo de baja laboral por razones ajenas a los hechos por los que fue condenado el agresor, la mujer recibió mensajes de WhatsApp de este último. Incluso llegaron a quedar en una ocasión, donde ella intentó convencerlo de que cambiara su actitud cuando regresara al trabajo. Aprovechando la situación, el agresor le dijo que había comprado un piso y la invitó a verlo, asegurando que su hijo no estaría presente para que la víctima se sintiera más segura. Sin embargo, una vez en la vivienda, el niño no se encontraba y el agresor aprovechó ese momento para empujarla, arrojarla sobre la cama y llevar a cabo tocamientos no consentidos en sus pechos y vagina.
Además de los actos sexuales no deseados, el Tribunal también ha constatado que el agresor sometió a la víctima a una humillación constante, utilizando términos ofensivos y vejatorios para referirse a ella. Estos insultos incluían frases como «la madalena» (debido a que la víctima lloraba con frecuencia debido a los hechos que estaba sufriendo), «reprimida» y comentarios sobre su apariencia física. Incluso llegó a realizar gestos repugnantes levantando y moviendo su dedo, el cual había introducido en su vagina, y pasándoselo por la nariz en el lugar de trabajo.
La víctima aguantó en silencio la situación con la esperanza de que cesara sin tener que hacerlo público, hasta que ya no pudo soportarlo más. Durante las Fiestas de San Pedro de 2019, decidió compartir lo que estaba sucediendo con una amiga, quien le aconsejó que presentara una denuncia. Un mes después, finalmente le contó la situación a su esposo, quien apoyó su decisión. Los hechos fueron denunciados ante Recursos Humanos de la empresa Grupo Día, lo que llevó al despido del agresor. Posteriormente, en febrero de 2020, se presentó otra denuncia ante la Policía.
Como resultado de estos sucesos, la víctima sufrió un trastorno adaptativo ansioso/depresivo que requirió 180 días de tratamiento médico para su recuperación. Además, le quedaron secuelas en forma de trastornos neuróticos. Una de las psicólogas que la trató informó que la víctima experimentaba pensamientos e imágenes recurrentes del abuso, así como ansiedad extrema que afectaba su respiración, dolores de cabeza constantes, taquicardias, sensación de irrealidad, sofocos, escalofríos y temblores. También presentaba un estado de ánimo deprimido, llanto continuo e incapacidad para suprimirlo, y apatía. Como consecuencia de estos hechos, la mujer perdió hasta diez kilogramos de peso, experimentó pérdida de memoria, dificultades de concentración, así como sentimientos de culpabilidad por no haber detenido la situación y desesperación por haber soportado las humillaciones y tocamientos por vergüenza.




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