Accidente en el Mercat Central de Tarragona: Confusión y Precauciones ante el Monóxido de Carbono
Pepita Canela apenas había cruzado el umbral de uno de los bares en la Plaça Corsini cuando el ambiente festivo se tornó en incertidumbre. Al poco tiempo de estacionar su vehículo en el nivel -2 del aparcamiento del Mercat Central, recibió la inquietante orden: “Nos dijeron que cerráramos y que no podíamos salir”, rememora. La situación era caótica; la noticia de un accidente en el aparcamiento, donde había una persona fallecida, mantenía a todos en vilo.
Canela recuerda que el tiempo transcurrió lentamente, y estuvo alrededor de 30 minutos atrapada en el bar, aguardando una respuesta clara. Finalmente, un agente dio la señal para abrir las puertas, permitiendo que los presentes abandonaran el local, aunque con la advertencia de que se cerraran de inmediato tras la salida.
Mientras tanto, el perímetro de seguridad se fue expandiendo, comenzando a unos metros de la entrada y luego abarcando toda la plaza. En ese momento, a Pepita se le presentó un dilema adicional: no podía recuperar su coche, y las llaves de su hogar estaban dentro del mismo. Sin otra opción, optó por pasar la noche en la casa de una amiga en Sant Pere i Sant Pau. A la mañana siguiente, tuvo que esperar a que se reabriera el aparcamiento para poder recuperar su auto.
En sus primeros momentos en la plaza, había un ambiente animado, con los cafés llenos, pero la falta de información clara contribuyó a la ansiedad colectiva. Canela, con su experiencia laboral en el sector de la construcción, no pudo evitar pensar que se trataba de una agresión: “Creíamos que podía haber un asaltante”, confiesa.
Su trayectoria profesional le permitió reconocer los riesgos asociados a espacios como el aparcamiento. Con 21 años de experiencia en la construcción subcontratada en Repsol, recuerda que para acceder a ciertas áreas era imprescindible contar con un permiso que estipulaba las medidas de seguridad a seguir. Este protocolo incluía el uso de equipos autónomos de respiración en ambientes potencialmente peligrosos, especialmente en lugares donde podrían acumularse gases nocivos.
El monóxido de carbono, un gas incoloro e inodoro, es uno de los peligros más insidiosos en espacios cerrados. Joaquim Rovira, investigador del Centre de Tecnologia Ambiental Alimentària i Toxicològica (TecnATox) de la Universitat Rovira i Virgili, explica que este gas se adhiere a la hemoglobina de la sangre con mayor facilidad que el oxígeno, lo que puede llevar a una grave falta de oxígeno en los tejidos.
La exposición a niveles elevados puede comprometer rápidamente el funcionamiento del cerebro, generando síntomas que van desde mareos hasta pérdida de conciencia. Si la exposición persiste, el daño celular se torna más severo, dependiendo de la concentración y la duración de la exposición.
En caso de intoxicación por monóxido de carbono, la intervención clave consiste en administrar oxígeno a altas concentraciones para facilitar la eliminación del gas del organismo. En situaciones más críticas, se puede recurrir a una cámara hiperbárica, que proporciona oxígeno a presión superior a la atmosférica, aunque lamentablemente, en Tarragona no existe este tipo de instalación.
Rovira aclara que, en espacios donde hay aguas residuales o materia orgánica en descomposición, pueden generarse gases durante la fermentación, que son difíciles de detectar. El monóxido de carbono no tiene olor, y los olores que se perciban pueden provenir de otras sustancias, lo que hace aún más complicado identificar su presencia.
El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST) subraya que, ante el acceso a atmósferas potencialmente peligrosas, es crucial utilizar equipos respiratorios aislantes, que aseguran un suministro de aire limpio proveniente de una fuente externa y no contaminada.




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