El juicio por el asesinato en Aranda de Duero: los detalles sobre la consciencia del acusado
Los informes médicos recogen que el procesado sufrió un brote psicótico con ideas delirantes y alucinaciones, pero los peritos han matizado su grado de consciencia y capacidad cognitiva durante las valoraciones.
Los expertos han señalado que el encartado, JLH, mostraba una conducta plenamente orientada en tiempo, espacio y situación cuando fue atendido en Psiquiatría. Durante el interrogatorio, el individuo colaboró de forma abierta y sin reticencias, manteniendo un discurso coherente y de estructura sólida, construido con sujeto, predicado y verbo.
Los forenses han descartado la confusión mental del acusado tras el crimen por su capacidad para huir, conducir horas y formatear el móvil. La defensa de la inimputabilidad choca con «los pasos que dio el procesado tras cometer los hechos».
Tras agredir mortalmente a la víctima, el acusado mantuvo «la calma necesaria» para conducir durante horas «sin sufrir ningún accidente», recoge el análisis forense sobre la huida.
A esta concatenación de actos conscientes se sumaron «maniobras posteriores» dirigidas a borrar el rastro del delito, como el formateo de su teléfono móvil. Para los especialistas, resulta evidente que semejante conducta respondía a un fin concreto y exigía una atención detallada que descartaría por completo un estado de confusión o enajenación transitoria.
Los informes de parte de la defensa del encartado apuntan a que el hombre sufría una enajenación en el momento del crimen y en la posterior huida, provocados por una enfermedad mental que hizo que colapsara en su conducta, tal y como ha manifestado su defensa.




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