Un análisis crítico del arbitraje en el partido entre Alavés y Valencia
El colegiado riojano Miguel Sesma Espinosa tuvo un desempeño polémico en su labor arbitral durante el encuentro en Vitoria, donde su actuación dejó mucho que desear, culminando en un suspenso en su evaluación.
En los primeros minutos, Sesma optó por un estilo de arbitraje permisivo, permitiendo que el juego fluyera y evitando sancionar faltas menores. Sin embargo, la situación dio un giro drástico en el minuto 17, cuando el VAR intervino para anular un gol del Valencia por un fuera de juego, marcando el inicio de un cruce de cables en su criterio.
A partir de ese momento, el árbitro comenzó a sancionar cualquier contacto del equipo local, dejando de lado las infracciones cometidas por los visitantes. Se registraron incluso situaciones en las que los jugadores del Alavés fueron abrazados durante las disputas, pero no se pitó nada a favor de ellos. Este tipo de arbitraje evidentemente favoreció al Valencia, generando un desequilibrio en el partido.
Uno de los errores más notables fue la no expulsión de Guido Rodríguez, un jugador del Valencia que realizó una entrada peligrosa a Tenaglia, que pudo haber resultado en una lesión severa. Esta acción tuvo lugar antes del gol del equipo visitante y no fue sancionada, lo que añade más leña al fuego de la controversia arbitral.
Además, tras el gol del Valencia, el caos se apoderó del terreno de juego. La sustitución de Rioja se convirtió en un desorden, y el equipo “ché” aprovechó para perder tiempo con un triple cambio. Para colmo, el árbitro solo añadió cinco minutos al tiempo reglamentario, a pesar de que no hubo juego efectivo en los últimos diez minutos, lo que deja entrever la inconsistencia en su gestión del tiempo.




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