Un año de la muerte de Toño Otero: La investigación del homicidio del ganadero avanza con nuevas declaraciones
La indagación sobre el asesinato del ganadero Toño Otero, quien perdió la vida de manera violenta hace un año en su hogar de Cuevas del Agua, en Ribadesella, ha tomado un nuevo rumbo. A la par que se conmemora la trágica fecha, se ha revelado que una fuerte discusión tuvo lugar en su residencia la noche anterior al crimen, justo cuando su cuñada, Magdalena Berjón, arribó en taxi desde Gijón, según informaron varios vecinos a la Guardia Civil.
Curiosamente, Magdalena decidió adelantar su viaje para visitar a su hermana Mar y a Toño, a pesar de la tensa relación que mantenía con él, lo que ha sido corroborado por testimonios de otros residentes de Cuevas. Se menciona que Toño había expresado su descontento con su cuñada, a quien tachaba de manipuladora.
Recientemente, se ha sabido que varios amigos y familiares de las hermanas han comparecido ante los investigadores de la Unidad Orgánica de Policía Judicial (UOPJ), aportando detalles que podrían ser cruciales para determinar quién fue el autor de la brutal agresión que acabó con la vida del ganadero.
Sin embargo, la versión de la viuda sobre la entrada de dos encapuchados en la casa se ha visto debilitada. Los investigadores no han encontrado evidencias que respalden su relato; los vecinos y turistas presentes ese día no observaron nada inusual, y no se hallaron signos de fuerza en las puertas o ventanas. A lo sumo, se encontró una maza utilizada por Magdalena para hacer mantequilla, que podría coincidir con las lesiones de Toño, según el análisis forense.
Magdalena, en una declaración posterior, reveló que la maza había sido lavada por su hermana. «Tranquila Magda, que la maza está lavada», habría comentado después de la versión inicial sobre los encapuchados. Confesó que, en el momento del ataque, se encontraba en el piso de arriba y no oyó nada. Cuando bajó, encontró a su hermana y a Toño gravemente herido, pero aún con vida. Este cambio de relato ha llevado a nuevas interrogantes en el caso.
Otro aspecto a considerar es que los perros de la casa no ladraron durante el ataque y que no había indicios de que la entrada hubiese sido forzada. Mientras tanto, los restos de Toño descansan en un cementerio cercano, donde los vecinos se lamentan de que no ha recibido visitas desde su entierro. «Toño era una buena persona, nunca tuvo problemas con nadie», afirman en el pueblo, donde la viuda, Mar, nunca logró integrarse del todo. Actualmente, mantiene una relación con otro ganadero de Llanes, conocido antes de la muerte de Toño.




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