Trágico aniversario en Puertollano: 28 años sin justicia para Ana María
La misma niebla que invadía las calles de Puertollano en la madrugada del 16 de noviembre de 1997 inunda hoy las circunstancias del asesinato de Ana María Fernández Monroy. Aquel día la joven fue encontrada muerta, cosida a puñaladas, junto a un contenedor de escombros en el barrio del Carmen. 28 años después, el asesinato de Ana María sigue siendo un tajo en el subconsciente colectivo de la ciudad minera, que no superará el duelo por ella hasta que se haga justicia.
Jamás se encontraron pruebas concluyentes. Nadie ha pagado por aquel crimen marcado posteriormente por una investigación deshilvanada y estancada.
Aquella mañana el cuerpo de la chica fue descubierto por unos vecinos que paseaban al perro. Yacía junto a un contenedor de escombros, semidesnuda, sin rastro de sangre. Al parecer, el cuerpo fue lavado en otro lugar tras recibir hasta quince puñaladas. El carnet de identidad hallado encima del cadáver subrayaba la única certeza: la identidad de la víctima, de 28 años de edad. Todo lo demás se disolvió en un laberinto de especulaciones e incertidumbres.
Los esfuerzos de la familia por reabrir el caso ante la Fiscalía jamás dieron sus frutos. Nunca se abrió juicio oral, ni siquiera tras las revelaciones de Diego Vállez, novio de la joven y uno de los principales sospechosos en su momento. Aunque fue puesto en libertad ante la falta de indicios o pruebas consistentes, Diego insistió siempre en su inocencia.
La policía descartó el móvil sexual después de que la autopsia confirmara que no hubo violación e interrogara al novio, con quien había discutido Ana María días antes de su muerte, y a otros dos jóvenes de etnia gitana con quienes se les vio por última vez. Todo sin resultado. Todos quedaron en libertad por falta de pruebas.
Cuatro años después, en 2001, Diego fue detenido por el testimonio de un testigo protegido, pero quedó de nuevo en libertad. En octubre de 2013, en declaraciones a TVE, solicitó un careo entre los sospechosos y el grupo de personas que estuvieron con Ana María durante la noche del crimen. Se consideraba una «cabeza de turco», y deseaba que se descubriera la verdad.
«Siempre hemos pensado que en su día no se hicieron las cosas como debiera y por eso el criminal está impune, por más que nos duela y con el consiguiente riesgo que eso supone para el resto de la sociedad y de nuestros vecinos”, lamentaba la familia durante las concentraciones celebradas para pedir justicia.
El asesinato de Ana María Fernández Monroy no es el único sin resolución en la ciudad minera. En la noche del 22 de marzo de 1985 María de Gracia Madrid, de 29 años de edad, fue asesinada cuando se dirigía hacia su casa, a la altura del hotel Cabañas. Murió a consecuencia de un golpe en la cabeza. En 2026 se cumplirán 41 años de su muerte. Jamás se supo nada de su asesino.




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